¿ El pan engorda ?

Teniendo en cuenta que el día tiene 24 horas, podríamos decir que pasas una tercera parte de tu tiempo trabajando. Luego, al salir del trabajo, necesitas desconectar, airearte, ir por ahí, pasarlo bien. Si por el contrario, tu cuerpo te pide reposo, te vas a casa y, dado que lo último que te apetece es ponerte a cocinar, te pides una pizza o te preparas algo fácil y rápido como un bocadillo, unos espaguetis… básicamente productos derivados de harinas refinadas. 

Llevamos miles de años rodeados de estos productos a diario y forman parte de nuestra cultura y tradición. No obstante, mucha gente por fin está empezando a hacerse la pregunta del millón: ¿El pan engorda?

Ciertamente, los derivados de las harinas, son alimentos fáciles de preparar y apetitosos, sin embargo, no son precisamente opciones saludables y, si recurres a ellos diariamente, puede que te interese saber que su consumo habitual tiene algunas consecuencias negativas:

La más importante, un aumento progresivo de la obesidad y patologías asociadas (enfermedades cardiovasculares, colon irritable, diabetes, hipertensión, etc). A continuación te voy a explicar por qué…

¿Por qué el pan engorda?

La harina refinada es uno de los alimentos más comercializados de nuestros tiempos y a partir de ella, se pueden elaborar multitud de productos como la pasta, el pan y la bollería.

El cereal más utilizado para la elaboración de la harina, es el trigo, que es molido y luego, con fines puramente comerciales, refinado. En este proceso se eliminan los componentes de mayor valor nutritivo y, cuanto más fina y blanca es la harina, menor es la cantidad de fibra, vitaminas y minerales. De hecho, la harina refinada es prácticamente puro almidón.

Y que queda cuando digerimos el almidón? Glucosa, es decir azúcar.

 

El efecto de la glucosa

Al tomar este tipo de hidratos, el nivel de glucosa en la sangre se dispara (¡subidón, subidón!) y tu páncreas segrega insulina para evitar que suban los niveles de glucosa en la sangre, permitiendo a su vez que pueda ser utilizada por las células hepáticas, neuronales y musculares, como fuente energía.

Pero lo cierto es que tu cuerpo no está diseñado para consumir energía tan rápidamente. Así que, al final, la glucosa se acaba almacenando en tus células musculares y hepáticas (del hígado) en forma de glucógeno.

Pero llega un momento en el que la cantidad de glucógeno excede la capacidad de almacenamiento de las células musculares y hapáticas, y es entonces cuando la insulina cambia de estrategia:

“ Aquí ya no cabe más glucosa, tendré que convertirla en grasa y almacenarla en el tejido adiposo”.

Sí, eso es. Al final, toda la glucosa que no utilizas como energía, se almacena en el el tejido adiposo (y seguramente ya sabes donde se localiza el tejido adiposo…). Por lo tanto, podríamos decir, que las harinas refinadas se comportan prácticamente como el azúcar, o lo que es lo mismo, como una fuente de calorías vacías.

 

Si el pan engorda, ¿qué pasa con los hidratos que obtenemos de la fruta y los vegetales?

Los hidratos de la fruta y la verdura

Los hidratos no refinados, como los de la fruta y los vegetales, están ligados a otros nutrientes; esto implica que los niveles de glucosa no aumentan repentinamente. La glucosa se va liberando lentamente a medida que vamos digiriendo los nutrientes ligados a los hidratos, como la fibra.

De esta forma, los niveles de glucosa en la sangre, no se disparan y con ello, los de insulina, tampoco. Tu cuerpo (ahora si) consume la glucosa lentamente, a medida que va siendo liberada.

En cambio, después de comer una comida de alto índice glucémico (como es el caso de las harinas refinadas), el nivel de azúcar en la sangre se eleva rápidamente y la insulina reacciona retirándola de la sangre, y da gracias, ya que tener niveles de glucosa anormalmente altos es muy peligroso (los diabéticos lo saben muy bien).

 

Llega el bajón y te entra el hambre

A ese repentino subidón inicial le sigue, después de unas pocas horas, un fuerte bajón. Entonces vuelves a tener hambre.

Sí, te acabas de comer un montón de calorías y encima tu cuerpo te pide más.

Y cuando digo tu cuerpo, también me refiero a tu cerebro. Y es que no puedes negar que ese subidón es una sensación muy pero que muy agradable.

El cerebro, junto con tus músculos y tu hígado, es el principal consumidor de glucosa y cuando llega una oleada repentina de energía… ¡mmmmmm! el núcleo accumbens (región del cerebro involucrada en comportamientos adictivos) recibe una señal de dopamina, la hormona del placer y el bienestar. Y claro, quieres repetir.

El problema es que con el tiempo adquieres tolerancia y la señal de dopamina se atenúa, se hace más débil. Para volver a experimentar esa placentera sensación debes consumir más. Vamos lo que tienen las adicciones.

 

¡Y eso no es todo!

Además, la insulina suprime dos hormonas muy muy importantes: el glucagón y la hormona del crecimiento. El glucagón promueve la quema de grasa y azúcar. La hormona del crecimiento se utiliza para el desarrollo muscular y la construcción de masa muscular nueva. Así que además de no quemar grasa, te costará un poquito tonificar tus músculos.

Por si fuera poco, los alimentos con alto índice glucémico (la harina refinada, el azúcar y los hidratos refinados en general), aumentan la inflamación de tu intestino, lo que perjudica enormemente su funcionalidad. Un intestino inflamado pierde la capacidad para seleccionar los componentes que pueden ser beneficiosos para nuestro organismo.

Las consecuencias del pan no molan¿Las consecuencias? muchos de los nutrientes de tu dieta son desechados en lugar de ser absorbidos y muchas toxinas y bacterias perjudiciales para tu cuerpo, pasan al torrente circulatorio en lugar de ser desechados.

Todo ello se traduce en debilidad, apatía, ansiedad, alergias, obesidad y susceptibilidad a las infecciones.

Todas estas dolencias y enfermedades se han convertido en la epidemia de nuestros tiempos y su incidencia ha ido creciendo de la mano de la evolución industrial y la comercialización de harinas refinadas y derivados.

Bien, ahora ya tienes una idea de lo qué pasa por ahí dentro cuando recurres a estos apetecibles y tentadores alimentos. Sí, el pan engorda pero quizá no es lo único de lo que tienes que preocuparte.

¡Y que conste que no queremos alarmarte, solo informarte! ¿No está de más saberlo, no?

Add comment

Your email address will not be published. Required fields are marked *